Macroclítoris y micropenes: desafiando el control corporal

Mónica nos habla este mes sobre el control corporal que nos imponen desde que nacemos y los desafíos e iniciativas que están en marcha.


Ilustración: Javitxuela


¿Sabías que si nuestros genitales son muy grandes o muy pequeños cuando nacemos se activa un protocolo de emergencia médica para ponerle rápidamente remedio? Eso es lo que le pasó a Cheryl Chase, activista por los derechos de las personas intersexo. Pero, ¿qué es una persona intersexo?

Las personas intersexo son aquellas personas cuyas anatomías o, más bien, cuyos órganos sexuales son clasificados como ambiguos por no poder ser encajados en ninguna de las dos categorías de sexo existentes: hombres y mujeres.

Al nacer, el tejido genital se considera pene a partir de 2,5 centímetros y se considera clítoris hasta los 0,9 centímetros; todo genital que se encuentre entre estas dos medidas convencionales pasa a ser visto como ambiguo e inaceptable, al no ser buen representante de los modelos genitales establecidos. Son los propios médicos los que crean el estándar y los que definen las tallas. Madres, padres, profesores y profesoras, compañeras y compañeros de colegio no las conocen y, en ocasiones, consideran estos genitales como normales hasta que un equipo médico dice lo contrario. ¿Por qué, entonces, en estos casos, es tan terrible tener estos genitales que sólo la clase médica considera como ambiguos? Porque desafían las definiciones culturales actuales de lo que se supone que es un hombre y lo que se supone que es una mujer.

Normalmente, las personas nacidas con genitales «ambiguos» son sometidas a cirugía de emergencia en los primeros días de vida, sin informar en muchos casos a su familia y, por supuesto, sin que el afectado o la afectada pueda dar su consentimiento. Los equipos médicos comunican a la familia que el bebé tiene un defecto pero que bajo la confusión pueden determinar el sexo verdadero y hacerlo salir a la luz con tratamiento adecuado.

Además, la asignación de sexo realizada por la clase médica se basa en la mayoría de los casos en una razón técnica: se suele asignar un sexo femenino, sea el genotipo femenino o masculino, porque es más fácil realizar un conducto que construir un falo. Si el bebé es genéticamente XX (genotipo femenino), el tratamiento es rápido y sin cuestionamientos: se procede a la reducción del falo para convertirlo en un clítoris apropiado. Si existe un cromosoma Y (genotipo masculino) se realiza un test para averiguar si el bebé es capaz de producir testosterona y de responder a ella para que el falo se desarrolle como un pene normal. Si no produce o no responde a la testosterona no es considerado como un ser masculino. Los cromosomas son menos importantes que el tamaño del falo. El problema del micropene es importante hasta el punto de proceder a mutilar los genitales de un neonato; el problema de la insensibilidad del clítoris de por vida es irrelevante hasta el punto de que no es un criterio, de que no existe literatura al respecto y de que no existe ningún estudio de seguimiento para comprobar el impacto de las cirugías de reducción del clítoris en la vida de la mujer intervenida.

Así pues, en cualquier caso, si el clítoris se considera demasiado grande, se recomienda reducirlo mediante cirugía genital, bastante peligrosa para la vida sexual de la persona intervenida. El criterio para realizar estas operaciones es estético y falocéntrico: se tiene sólo en cuenta el tamaño y la funcionalidad del pene para realizar actos sexuales heterosexuales. La funcionalidad del clítoris no es nunca tenida en cuenta sino sólo el tamaño, que no ha de competir con el tamaño de un pene.

Cheryl Chase, activista intersex, considera que sería deseable conseguir un nuevo protocolo que no patologice la intersexualidad. Chase, durante su adolescencia, era consciente de que no tenía ni labios externos, ni clítoris, ni posibilidad de tener orgasmos, pero no sabía qué era lo que le pasaba. Cuando decidió indagar su historial médico, le costó tres años conseguir los informes en los que se le diagnosticaba como «verdadera hermafrodita» y en los que se documentaba su cliterectomía (extirpación del clítoris). El descubrimiento de este engaño y de las operaciones forzadas a las que se la sometió fue doloroso, hasta el punto de que casi quince años después decidió suicidarse.

Sin embargo, Chase decidió también en ese momento canalizar su rabia positivamente y comenzar su activismo fundando la ISNA (Intersex Society of North America) en 1993. A través de esta sociedad, Chase pretendió compartir sus experiencias con otras personas intersexo, y permitir que otras personas que, como ella, habían descubierto su condición intersexual, pudieran a su vez compartir su dolor y recibir información no estigmatizada y no medicalizada sobre las intersexualidades.

Además de proporcionar apoyo y medios para afrontar los estigmas a las personas intersexo, la meta a más largo plazo que Cheryl Chase persiguió al fundar la ISNA, meta que hoy en día sigue intentando conseguir, es la de frenar la cirugía genital infantil que no tenga una razón médica. Para ello, se hace necesario otro protocolo subversivo que permita dar a la familia información completa y apoyo emocional. En el protocolo subversivo de Chase se seguiría asignando un género a la persona recién nacida porque, de momento, es el sistema binario el que sigue operando en nuestras sociedades; sin embargo, existiría siempre la opción de rehusar la cirugía y permitir a la persona intersexo vivir una corporalidad no encerrada en los estereotipos de lo que se espera que sea un hombre o una mujer.

Esta nueva corporalidad, esta forma de vivir el género teniendo genitales que son vistos como ambiguos y que no encajan en las consideraciones comunes sobre sexo, género y sexualidades, es ya para Cheryl Chase una subversión; una forma de romper el marco del binarismo represivo y de cambiar las percepciones que la sociedad pueda tener no sólo sobre la intersexualidad, sino también sobre las propias normas de género y sexualidades.

Los problemas que viven las personas intersexuales no se derivan en muchas ocasiones de problemas médicos, sino de un orden político y social que estigmatiza a las personas que no encajan en los estereotipos impuestos. Así pues, el activismo intersex lucha por flexibilizar estos estereotipos y tratar de dar cabida en nuestra sociedad a cuerpos que hoy en día son considerados como ambiguos.

Este es un tema apasionante sobre el que podéis seguir leyendo:
– Una versión más amplia de este artículo.
– La vida de David Reimer, niño nacido sin ambigüedades pero víctima de una mutilación genital. Se convirtió en el conejillo de indias de John Money, el médico que ideó los protocolos que hoy se aplican.
– La vida de Herculine Barbin, famosa intersexo del siglo XIX.

 

3 Comentarios

  1. Tienes alguna fuente para lo que afirmas acerca de «el tejido genital se considera pene a partir de 2,5 centímetros y se considera clítoris hasta los 0,9 centímetros;todo genital que se encuentre entre estas dos medidas convencionales pasa a ser visto como ambiguo e inaceptable, «, jamás había escuchado q esto sea un procedimiento general. Aunque si he escuchado que en el caso de hermafroditas hay un cersenamiento de uno de los sexos,

  2. Muy interesante me he picado con el tema e investigaré un poco mas

  3. Deberían retirar el vocablo verosimilitud y sus derivados del diccionario. Probablemente no exista situación o acción en este país que sea inverosímil. Luego, si todo puede suceder, porqué crear una categoría que nada diferencia.
    Más allá de la cuestionable idoneidad de las intervenciones en edad tan temprana, sin un conocimiento claro y conciso de la peculiaridad y sus consecuencias o inferencias, ¡Intervenciones sin conocimiento ni consentimiento de los tutores!
    ¡La madre que me parió!

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