Carta a todes: tiempos para el vegetarianismo y mucho más

Celia nos cuenta por qué es época de repensar nuestros hábitos de consumo y por qué el vegetarianismo son ya una decisión ética a tomar

Allozalaura
Ilustración de Laura Alloza

Y hemos llegado a una era en la que las divisiones han florecido más que nunca, el mundo se ha vuelto loco o, mejor dicho, más loco y esto que iba a ser un ensayo periodístico serio se empieza parecer más a un artículo de opinión que a otra cosa. Al final, me ha salido el ramalazo (entiéndase: la vena sentimental), como una madre o un padre que cuida de sus hijes. Pero es que en estos temas, empiezo a perder la paciencia y esto es mal asunto, la paciencia es sabia, decía mi abuela.

Querides todes, hoy no hago un ensayo, ni un artículo, ni ningún género en concreto, hoy hago una carta de llamamiento al mundo vivo. Hemos detectado que la Tierra está enferma y que el poder no tiene límites, límites morales, porque físicos es una evidencia que sí los tiene.

Nos repetimos en palabrerías que, aunque tienen todo el sentido del mundo, no sabemos muy bien a qué cosa concreta nos referimos: salvar al planeta, más consumo responsable, menos consumo de tal cosa, más de lo otro… Pero, ¿alguien está hablando de lo que realmente se nos está viniendo encima?

El Sur está sufriendo los azotes más fuertes del cambio climático, tierras mediterráneas, por ejemplo, en España, se convertirán poco menos que algo parecido a un desierto (ya está habiendo problema con el agua) y el Norte, por el contrario, padecerá una mediterraneización.

Por no hablar de lo que está ocurriendo más al Sur del planeta,  Mozambique, entre otros. ¿Alguien está hablando de lo que hacemos los países ricos? Hoy me siento decepcionada y triste con la cobertura que los medios están dando a esta cuestión, a cómo desperdiciamos nuestro tiempo en hablar de cosas superfluas y de cómo aún tenemos que explicar lo evidente.

El consumo de nuestra dieta, el veganismo, el vegetarianismo y otras corrientes que ponen de relieve el sistema socio-económico que tenemos son tan o más importantes que muchas de las medidas que están encima de la mesa. La Tierra no tiene tanto recursos como explotamos los países ricos, no puede soportar nuestro consumo ( en general) y parece que aún no nos hemos enterado.

Volviendo a Mozambique, África es el continente que menos ha contribuido en el cambio climático (sólo ha aportado 3,8% en gases de efecto invernadero frente al 13% de la UE o el 23% de China) y, sin embargo, es de los continentes más azotados por estos repentinos ciclones y lluvias devastadoras. Casi dos millones de africanos y africanas se vieron afectadas y más de mil murieron.

Si seguimos consumiendo ropa, energía, comida y materiales a este ritmo no sobrevivirán nuestros nietos en cien años a lo que pueda venir, la Tierra sí, el ser humano no. La naturaleza nos ganará, somos a día de hoy una piedra en su zapato. El problema es el proceso que esto conllevará en el mientras tanto: enfermedades, sufrimiento y situaciones duras a todos los niveles.

Perdónenme, no quería una carta tétrica, quiero que todos reflexionemos qué estamos haciendo mal, y creo que la respuesta es más sencilla de lo que parece.

Como consumidores, siempre lo digo, tenemos un poder tremendo, exijamos medidas a nuestros gobiernos, medidas reales: más inversión en transporte público y sostenible para crear ciudades menos dependientes del transporte privado ( porque aunque sean eléctricos, los minerales que se necesitan y el coste que eso supone a la Tierra es elevadísimo), más inversión en agricultura sostenible (más de la mitad de los acuíferos en Europa están contaminados por pesticidas), más conciencia en los coles y más barrios para los locales ( no sigamos perpetuando el turismo salvaje)…

Como individues, nos tenemos que replantear si hacemos verdaderamente un consumo responsable, si entendemos de verdad qué supone este ritmo de consumo de carne y de materias primas para poder sostener nuestro sofisticado ritmo de vida… Al menos, el vegetarianismo plantea una respuesta, radical, sí (no para mí), pero son tiempos para radicalismos porque el tiempo se nos agota y tenemos más de un millón de medidas que poner encima de la mesa antes de que en el Hemisferio Sur siga muriendo niñes, mujeres y hombres.

El vegetarianismo o, en su máxima expresión, el veganismo intenta ofrecer una solución alternativa a los hábitos de consumo en un tiempo en el que para la producción de carne se desforestan bosques y selvas y los animales se ven abocados a vivir en jaulas. Por no hablar de lo que pasa en los mares, muchísimas especies están desapareciendo y la temperatura del mar ha subido, muy malas noticias.

Creo que aún no hemos entendido qué significa verdaderamente un consumo responsable, no hemos entendido que debemos (no tenemos, debemos) cambiar urgentemente nuestros hábitos de consumo. Si queremos seguir comiendo carne o pescado, por el bien de los animales, de la Tierra, de nuestra conexión con el medio y, por tanto, de nuestra salud, o lo hacemos bastante poco al mes, en dosis muy dosificadas, alternando y vigilando de dónde viene el producto o no habrá cambio.

Y no es mito, es realidad. La compra de nuestro carrito dice mucho más de lo que creemos.

De la misma forma pasa con todo, pensemos qué productos estamos comprando, de dónde vienen y si lo necesitamos.

¿De verdad necesitamos todo esto para poder seguir viviendo, todo este consumo atroz que deshumaniza y se carga la vida?

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