Perdón por haber pecado

Tanto en la mitología como en las religiones monoteístas, ser mujer venía asociado a la idea del pecado. Aprendemos un poco sobre Pandora, Lilith y Eva, mujeres culpables.


Ilustración: María Rodríguez
Ilustración: Mitucami Mituca


No hace falta analizar demasiado nuestra cultura cristiana para saber cómo ha afectado la religión a la posición de la mujer en la sociedad. Ya sabemos de dónde venimos, ya sabemos a qué pasado nos enfrentamos. Pero hoy quería ir más allá, hablar del origen de la mujer desde las raíces del misticismo.

Para eso, debemos partir de la base de que en esas épocas, la leyenda era la verdad absoluta. Al carecer de explicaciones mejores, el mito era siempre una buena opción. Así que hubo muchísimas generaciones que nacieron y murieron con esa ley celestial sobre sus cabezas.

Indagando en la mitología griega, descubrimos que la primera mujer de la creación fue Pandora, sí, la de la caja. Todos conocemos su mala reputación a causa de su terrible decisión, pero si profundizamos un poco más en su historia, encontraremos el origen del famoso “bello mal”.

Una figura bella como una Diosa, graciosa y sensual, pero con un carácter inestable, mentirosa y pérfida. Ese es el regalo envenenado que Zeus le dio al hombre: la mujer.

Así que para los antiguos griegos, el mundo era un sitio tranquilo y armonioso, cuando un desgraciado día bajaron la mujer a la Tierra y dio origen a todos los males. Maravilloso.

Por si no fuera suficientemente malo que la mujer fuera percibida como un simple objeto de deseo, le daban la autoría de todo mal que pudiera afligir a sus corazones.

Y ahora, sabiendo dónde está la base, vamos a acercarnos un poco más. Dejemos que pasen los años, voy a hablaros de Lilith.

Probablemente ya la conozcáis, o puede que os suene su nombre, pues se trata ni más ni menos que de la primera esposa de Adán. También conocida cómo la primera feminista, la primera mujer en pedir igualdad.

Claro está que hablamos de una leyenda, de un personaje del folklore judío que se utilizó para educar a las mujeres de la época a estar calladitas y sonreír a sus amos, pues la historia de nuestra luchadora tuvo un terrible final.

Se dice que Yahvéh creó a Lilith de la misma forma que a Adán, pero ellos dos nunca se entendieron. Ella no se sentía menos importante, menos inteligente ni con menos derechos que él, y eso, para el Dios patriarcal, fue una gran ofensa.

No le daba placer a su marido cuando a él le apetecía, no aceptaba posturas sexuales denigrantes, ni cedía cuando éste utilizaba su mayor fuerza física para obligarla. Lilith, la primera mujer de la creación, era una mujer del siglo XXI. Su pareja, impuesta por su padre, era un machista, un gallito más tonto que una nuez que intentó violarla. Y lo abandonó, como hubiera hecho yo.

Saliendo del Edén acabó en las orillas del Mar Rojo, hogar de todos los demonios, y allí se entregó a la lujuria. Osea, que escapó de una relación que era un martirio constante para llegar a un espacio donde nadie la juzgaba. Y se acostó con quien quiso, como hubiera hecho yo.

“¿Por qué Dios nos daría el placer sexual y nos pediría que nos resistiéramos? ¿Es parte de un juego que inventó para escapar de su aburrida omnipotencia?”

Lilith fue castigada por dejar a Adán y no querer volver al jardín del Señor; sufriría la muerte de 100 de sus hijos todos los días, para toda la eternidad. Así que la religión le dio el peor castigo imaginable a una mujer fuerte, desobediente e insumisa; así es, a alguien como yo. ¿Puede que a alguien como tú?

Después del intento frustrado con la primera mujer, volvieron a intentarlo, ésta vez ataron bien los cabos. A partir de la costilla de Adán, crearon a la mujer sumisa y bondadosa, Eva. Siempre dispuesta a retozar con su amante, siempre con un sí y una sonrisa, siguiendo sus pasos como una cría de pato. Era tanta la necesidad de aprobación de esta muchacha, que cuando la serpiente le ofreció probar la fruta del árbol de la ciencia, tenía que hacerlo con él. Debía convencerlo de hacerlo juntos, no podía ni plantearse esa independencia de actos. Así pues, cayendo una, cayeron los dos.

Después de tal desacato a la autoridad, fueron despedidos del Edén y condenados a la mortalidad, no sin antes otro castigo para la mujer; “con dolor darás a luz y tu marido tendrá autoridad sobre ti”.

Eramos pocos y parió la burra

La mujer occidental lleva la culpa del pecado original a sus espaldas, desde hace tantos años, que duele de imaginar. Siempre está esa mano recomendándonos que bajemos la cabeza, que pidamos perdón. Perdón por Pandora, perdón por Lilith, perdón por Eva. Perdón por ser quien trajo la desgracia a la humanidad.

Bien es sabido que la culpa ha sido un factor importante, si no el que más, para castigar a la mujer, asustarla y denigrarla en el pasado. La religión sigue utilizando el mismo truco, para que no se divorcien, para que no aborten, para que sean buenas siervas del Señor. Y me gusta pensar que eso está cambiando, que nos estamos despegando de esa terrible carga. Que las mujeres pecadoras somos las que vamos a cambiar el mundo.

 

4 Comentarios

  1. No entiendo muy bien cuáles son las bases o los textos a los que has hecho referencia. Sí, estoy de acuerdo. Me parece que desde un principio la religión ha creado un rol de mujer que no es correcto/sano/justo/igualitario… etc., pero en lo que he podido estudiar hasta ahora (soy cristiana y feminista) el Evangelio concibe a la mujer desde un punto de vista totalmente igualitario. Jesús fue más feminista que ningún otro creador de religiones y me parece que este texto tiene una base que me resulta difusa.

  2. Cecilia Del Carmen

    Muy buen articulo, despertando los ojos de las mujeres sumisas y obedientes que se doblegan ante una sociedad machista, marcada por ese estupido orden de querer mantener a las mujeres en un nivel inferior de conocimientos y habilidades.

  3. Echaba de menos un poco de historia de la mujer, un artículo muy acertado!!

  4. pamela moreno

    Me gusto mucho el articulo y totalmente de acuerdo. Por esa y muchas otras razones no soy ni cristiana ni católica. Ademas anterior a estas tradiciones la mujer era vista de mejor forma, les recomiendo leer el libro de «Las mujeres que corren con lobos»…una forma de recuperar la visión saludable acerca de la mujer.

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